Fiesta de las luces en Lyon

24 Horas en Lyon

24 horas en Lyon 

“¿Sabes de algún lugar que abra las 24 horas en Lyon?” Preguntamos esto varias veces durante el día, la tarde y la noche, una española y yo, mientras andábamos por la bella ciudad de Lyon a la que habíamos decidido ir para estar presentes en la famosísima Fête des Lumières. En Internet encontramos algunos “cafés” que supuestamente abrían hasta las cinco de la mañana, pero cuando pasamos frente a ellos descubrimos que los lugares se veían ligeramente sospechosos. Y como éramos dos chicas solas en una gran ciudad, decidimos que quizá era mejor si visitábamos otro sitio.

Todo comenzó en diciembre del 2012 cuando, mientras mirábamos opciones de hospedaje para irnos ese fin de semana a Lyon, descubrimos que ya no había nada disponible. No había ningún Couchsurfing (el servicio de hospedaje gratuito brindado por gente local), y los hostales estaban llenos. Las únicas opciones disponibles eran algunos hoteles pero eran demasiado caros, así que teníamos dos opciones: desistir, o irnos aunque no tuviésemos un lugar para dormir.

Optamos por la segunda opción.

Sobre Lyon y la Fête des Lumières (Fiesta de las Luces)

Lyon es la tercera ciudad más poblada de Francia. Es atravesada por dos ríos –el Ródano y el Saona–, y posee una enorme cantidad de edificios históricos, museos y una basílica que parece sacada de un cuento de hadas. Cada año, alrededor del 8 de diciembre y por cuatro días, se celebra la Fête des Lumières, un festival de origen religioso cuyos inicios se remontan a 1643, cuando el sur de Francia se vio afectado por la epidemia de la peste y los líderes de la ciudad de ese entonces hicieron el voto de rendir homenaje a la Virgen María todos los años si la epidemia se detenía. Cuando la enfermedad se contuvo, se sentaron las bases para la celebración que terminaría convirtiéndose en uno de los eventos de mayor afluencia en todo el mundo.

Actualmente la Fête des Lumières atrae a hasta cuatro millones de personas por año, siendo comparable con eventos de la talla del Carnaval de Río y el Oktoberfest de Múnich. Durante las cuatro noches que dura el festival, las calles lionesas se llenan de ríos de gente que convergen desde todo el mundo y las plazas y monumentos del casco histórico son embellecidos por distintos espectáculos de luz.

Hay esculturas iluminadas, performances, shows de video mapping y desfiles que van presentándose desde que anochece (a eso de las ocho) hasta alrededor de la una de la mañana, con lo que es una oportunidad perfecta para disfrutar a esta ciudad de noche (algo muy de apreciarse en un país en el que la mayoría de los lugares cierran sus puertas a las seis o siete de la tarde).

24 horas en Lyon

Nosotras llegamos en la mañana después de habernos montado en los carros de tres extraños (viajamos haciendo autostop desde Dijon) y, como era temprano, fuimos a ver algunas de las numerosas cosas que Lyon tiene para ofrecer. Estando establecida sobre el territorio de una antigua ciudad romana, en Lyon hay vestigios de esa cultura, estando entre los más famosos su anfiteatro, localizado sobre una de las colinas de la ciudad.

Lyon

También está su singular museo de miniaturas y cine (en el que hay algunas piezas únicas del cine de los últimos 40 años, como la Reina Alien de “Alien vs. Predator” con todo y movimiento y sonido) que está localizado en un precioso edificio renacentista y vale la pena visitarlo incluso solo por el mismo edificio. Hay además (para los que sean amantes del Principito) numerosas tiendas ofreciendo mercancía de Le Petit Prince, dado que Lyon es el lugar de nacimiento de Antoine de Saint-Exupéry.

Lyon es una ciudad alegre y viva. En sus calles no es raro encontrarse músicos ambulantes creando pequeñas celebraciones alrededor de sus melodías. Su gastronomía es una de las más representativas de Francia y, personalmente, pienso que nunca debes irte de una ciudad francesa sin haber entrado antes a alguna de sus panaderías (aún si compras el mismo pain au chocolat en todas, como lo hago yo).

Así que, tras visitar algunas plazas y monumentos, comer pan francés y escuchar un poco de música callejera, finalmente cayó la noche y sacamos nuestro mapa de la Fête, el cual nos dieron en el módulo de turismo (nunca dejen de visitar los módulos turísticos porque siempre hay información útil como mapas y promoción de eventos), y tenía marcados todos los lugares en los que habrían de darse los diferentes espectáculos de la noche. Iniciamos nuestro recorrido en la gran Place de la République, donde nos recibió un dragón hecho de enormes piezas geométricas blancas que se iban iluminando en distintas tonalidades.

Dragon en la fista de las luces de lyon

De ahí pasamos a la Catedral de Saint-Jean, sobre la cual estaba transmitiéndose uno de los shows de video mapping más impresionantes que he visto. Fuimos recorriendo distintos sitios, sumergiéndonos en medio de los mares de gente y disfrutando de las bonitas decoraciones que se repartían por la ciudad. Como parte de la celebración de la Fête des Lumières es tradición que las familias de Lyon pongan veladoras en sus ventanas para iluminar la noche, costumbre que se remonta a la ceremonia de celebración y agradecimiento que se hacía a la Virgen María hace tantos años. Esta costumbre ha ido decayendo, pero aún pueden verse algunas ventanas iluminadas durante la Fiesta.

¿Y ahora…qué hacemos?

Como es de esperarse, mientras más anochecía más empezábamos a preguntarnos qué íbamos a hacer desde la una de la mañana, cuando se terminara la fiesta y las calles se quedaran semi-vacías, hasta la mañana siguiente que pudiésemos regresar a nuestra ciudad. El reloj iba avanzando y en determinado momento decidimos detenernos en una iglesia para revisar opciones.

En la iglesia a la que entramos, el personal empezó a repartir vasitos con té caliente a todos los presentes. Siendo diciembre, el clima estaba frío y estos pequeños vasitos de té ayudaron a calentarnos. Fue ahí, mientras estábamos sentadas detrás de un grupo de niñas francesas de probablemente unos quince años, que hicimos por primera vez la pregunta.

“¿Sabes de algún lugar que abra las 24 horas?” (En francés, claro está).

Las chicas empezaron a mirar en sus teléfonos para intentar ayudarnos pero resultaba que no había nada, y entonces, cuando les explicamos nuestra situación, se les ocurrió que quizá podríamos quedarnos en la casa de alguna de ellas. Mi amiga la española y yo les dijimos que no era necesario, que ya encontraríamos algo, pero con toda la benevolencia e inocencia de su juventud, ellas insistieron. Insistieron a tal grado de empezar a llamar a sus papás para pedirles permiso (porque cuando tienes quince años no puedes darte el lujo de llevar a dos extrañas a tu casa así como así), pero finalmente no pareció que los papás estuviesen de acuerdo, así que ellas terminaron llevándonos con los bomberos diciendo que les parecía que los bomberos tenían camas para las personas que se quedaban sin un sitio para dormir como nosotras.

Los bomberos se quedaron con una cara épica de no saber ni de qué iban cuando ellas les explicaron. Ellas se tuvieron que ir y nosotras nos quedamos con los bomberos, ellos mirándonos confundidos y nosotras mirándolos confundidas a ellos.

“¿Sabe usted de algún lugar que abra las 24 horas?”

El bombero nos señaló una calle y nos dirigimos para allá.

Cabe destacar que seguimos sin encontrar nada, pero hallamos un bar que por lo menos cerraba hasta las tres de la mañana y nos detuvimos ahí. El lugar estaba oscuro y semivacío, las coca-colas costaban como tres euros y la música de fondo era rock. Nos sacaron a las tres, cuando ya el personal de limpieza estaba empezando a recoger las sillas y fregar el suelo y nosotras dos éramos prácticamente las únicas que quedaban.

La siguiente parada fue, en mi opinión, de las más divertidas. Porque fue ahí donde caímos en cuenta de que mira, no éramos las únicas dos personas dementes a las que se les había ocurrido llegar de improvisto a una ciudad donde no había un sitio más para dar posada a un alma. Encontramos, después de salir del bar y recorrer calles rellenas tanto de gente intoxicada como de lodo y negocios cerrados, lo que en México se traduciría a un puesto de tacos abierto de madrugada para alimentar a todos aquellos a los que recién se les estuviese acabando la fiesta; era un puesto de Kebabs.

Los puestos de kebabs han sido desde siempre la salvación de los estudiantes de intercambio en Europa que no saben ni cocinar ni alimentarse y además tampoco tienen mucho dinero para gastar en lo que sea. Entramos al lugar y vimos la maravillosa promoción de papas a la francesa por un euro, y de ahí a las cinco de la mañana nos pedimos unas tres o cuatro bandejitas que nos ayudaron a mantenernos despiertas. El lugar, a pesar de ser la mitad de la noche, estaba lleno. Y todo parecía indicar que el resto de las personas eran igual que nosotras: jóvenes que estaban esperando a que amaneciera.

A las cinco de la mañana, con una disculpa, el dueño del negocio nos dijo que tenía que cerrar. Entonces, sabiendo que hay trenes que salen desde muy temprano, se nos ocurrió que el siguiente lugar al que podríamos ir era la estación. De nuevo, no fuimos las únicas que pensaron en ello, y en la estación nos encontramos también con personas que simplemente estaban esperando a que fuera una mejor hora para irse.

Resumiré los eventos de la estación diciendo que tuvimos que irnos de ahí a “petición” de un guardia y de su Doberman. Sin embargo, para la hora que decidió sacarnos ya eran como las siete de la mañana y pudimos encontrar una cafetería abierta (una de verdad, no como los “cafés” que supuestamente estaban abiertos toda la noche). Ahí aprovechamos para ir y lavarnos disimuladamente la cara y los dientes en el baño y nos desayunamos un café con un… sí, adivinaron, con un pain au chocolat. La ciudad a esa hora estaba fría, vacía y recién empezando a lidiar con las secuelas de la noche de fiesta.

Terminamos volviendo a pararnos en la carretera un rato después para hacer autostop y regresar a nuestra ciudad. En el camino de vuelta fuimos recogidas por una amable pareja de ancianitos, por un dúo de traileros rumanos y por un estudiante universitario. Cabe destacar que el viaje entero nos costó alrededor de quince euros a cada una, así que cuando piensen que viajar es caro, no se olviden de que con un poco de flexibilidad cualquier viaje puede ser mucho, mucho más barato.

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Autostop Lyon Cisley

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